miércoles, 25 de julio de 2012


ARTÍCULO

Como impacta la ciudad en nuestro estilo de vida

Las influencias causadas por una ciudad sobre su entorno y sobre las condiciones de vida de sus habitantes siempre existieron. Pero la enorme expansión de su territorio en los últimos tiempos y la mutación en su comportamiento dieron origen a problemas ambientales, sociales y económicos sin precedentes en dimensión y características.

Ya que parece que este modelo de desarrollo ha llevado a transformar estos centros en lugares inhóspitos, donde hay cada vez más contaminación del aire, agua, suelo, más pobreza, menos seguridad, menos naturaleza.

“Vivimos en la era de la ciudad. La ciudad es todo para nosotros; nos consume, y por eso mismo la glorificamos” - Onnokome Okome
Una ciudad es un lugar construido por el ser humano para su comodidad, y en el que tiene todas las ventajas. La vida natural está, en buena medida, ausente.

Sólo los parques, las riberas de los ríos, los animales de compañía, algunas aves, roedores, insectos, y arácnidos nos recuerdan el mundo salvaje. Pero la ciudad no sólo es un entorno artificial sino que es, también, un espacio concentrado.

Las influencias causadas por una ciudad sobre su entorno y sobre las condiciones de vida de sus habitantes siempre existieron. Pero la enorme expansión de su territorio en los últimos tiempos y la mutación en su comportamiento dieron origen a problemas ambientales, sociales y económicos sin precedentes en dimensión y características. Ya que parece que este modelo de desarrollo ha llevado a transformar estos centros en lugares inhóspitos, donde hay cada vez más contaminación del aire, agua, suelo, más pobreza, menos seguridad, menos naturaleza.

Muchas ciudades y pueblos tienen graves problemas ambientales por la falta de una planificación urbana adecuada.

Industrias contaminantes, ruidosas y molestas en medio de una comunidad, edificios, casas y asentamientos en lugares peligrosos y propensos a sufrir inundaciones y deslizamientos; problemas de tráfico por mala diagramación de vías de acceso y medios de transportes contaminantes, falta de espacios verdes, construcciones poco seguras, entre otros.

Estas son algunos de los problemas ambientales urbanos que se producen por no planificar y regular la dinámica de crecimiento y desarrollo de una ciudad y su población.

Al dejar que las ciudades crezcan sin control las consecuencias son la sobreexplotación de recursos, superpoblacion, aumento del riesgo y la inseguridad urbana, contaminación del aire y acústica entre otros.

Los municipios deben establecer normativas que permita un correcto uso del territorio de acuerdo a sus características y usos del espacio así como de las actividades económicas para que sea administrado adecuadamente y no produzca más problemas a sus habitantes.

Esto se podría lograr a través de una gestión ambiental urbana, ya que esta gestión está compuesta de mecanismos, procedimientos y actos de gobierno y gestión de una ciudad, que se distinguen por incorporar en la toma de decisiones, acciones dirigidas al mejoramiento ambiental debidamente articuladas o ajustadas a las tendencias de crecimiento urbano y al desarrollo local sostenible.

Este proceso de articulación y ajuste es un requisito fundamental para que la gestión ambiental urbana sea factible y ejecutable. Por ello, la gestión ambiental urbana también se distingue porque busca establecer permanentemente mecanismos que posibiliten acuerdos entre distintos actores, que en su interacción con el medio ambiente operan desde distintos espacios urbanos y expresan por lo tanto una variedad de intereses, expectativas y conductas.

El reto estriba en desviar la urbanización de su ruta actual e insostenible, para dirigirla hacia ciudades más verdes que ofrezcan a sus habitantes opciones, oportunidades y esperanza como priorizar criterios ambientales en las viviendas, mejorar la eficiencia del transporte, optimizar la producción de bienes y servicios o mejorar la gestión de los residuos. Por este motivo es necesario promover una mejor comprensión de la dinámica de las ciudades y sus ambientes, suministrando a los gobiernos municipales, a científicos, políticos y al público en general de la región, información confiable basada en los siguientes puntos:

- Reconocer los vínculos que existen entre las condiciones ambientales y las actividades humanas, en especial aquellas relacionadas con el desarrollo urbano.

- Contribuir en la formación de capacidades técnicas locales para la evaluación integral del estado del medio ambiente urbano.

- Orientar la creación de consenso sobre los problemas ambientales más críticos en cada ciudad, fomentando el diálogo y la participación de todos los sectores de la sociedad en el proceso de la toma de decisiones.

- Hacer posible la formulación e implementación de estrategias y planes urbanos para ayudar a las ciudades a mejorar la gestión ambiental urbana.

- Promover la creación de redes institucionales en la ciudad.

El escenario de las grandes ciudades en países subdesarrollados demuestra que, cada vez más, las élites están sitiadas por cinturones de pobreza y nunca las clases dominantes se sintieron tan amenazadas. Pero en lugar de percibir el crecimiento sin límites de la pobreza y aceptar el perfil socioeconómico de la población, las élites temen la invasión de su ciudad.
Esta negación en ver la realidad y la búsqueda constante por más seguridad y confort hace con que comunidades cerradas habitadas por personas de alto nivel económico crezcan como nunca en las grandes metrópolis y, consecuentemente, hay un cierto abandono de las zonas centrales, agravando aún más el problema de las exclusiones y distinciones sociales.

El crecimiento acelerado de las periferias pobres y la presencia de áreas centrales abandonadas por las élites se oponen a las zonas de crecimiento exclusivo de las clases más ricas, formando una metrópolis dividida entre la ciudad formal, donde hay inversiones inmobiliarias y donde el poder público invierte los impuestos, y otra informal, olvidada por todos menos por sus habitantes.

Para el año 2020, la proporción de la población urbana que vive en la pobreza podría llegar al 45%, o 1.400 millones de personas. Para entonces, el 85% de la población pobre de América Latina y casi la mitad de la de África y Asia se concentrarán en los centros urbanos.

Esto se produce porque el creciente flujo migratorio hacia las ciudades, incrementa la demanda no atendida de bienes y servicios básicos: alimentación, vivienda, salud, educación, recreación; y si a ello sumamos el alto nivel de desempleo y el impacto de las crisis económicas, el resultado es la existencia de una población urbana cada vez más pobre, mientras que en el polo opuesto se observa a otra población cuyos patrones de consumo y de vida favorecen el derroche de los bienes y servicios básicos, todo lo cual impide el desarrollo integral de la sociedad.

Los aspectos considerados para caracterizar la precariedad del hábitat urbano latinoamericano son las condiciones materiales del mismo, la disponibilidad de servicios básicos y la seguridad de permanencia, medida por la condición de tenencia de las viviendas.

Sobre la base de una agregación de antecedentes que caracterizan la precariedad del hábitat urbano y su evolución reciente en los países se construye, en primer lugar, un panorama regional de la precariedad urbana y su relación con la pobreza e indigencia en las ciudades.